Malaui: Una capilla para la filial de San José de Mathotho

La comunidad de San José de Mathotho es una filial de la parroquia de Nkhate, ubicada en el sur de Malaui, en la Diócesis de Chikwawa, en una zona remota y subdesarrollada de las montañas. La gente que vive en Mathotho es pobre, pero su fe es robusta. 900 familias católicas pertenecen a esta filial.

Los católicos de Mathotho siempre han acariciado el ferviente deseo de tener su propio lugar de culto, y es que el camino a Nkhate, la sede de la parroquia, es largo: los creyentes tienen que caminar veinte kilómetros para asistir a la Misa dominical. Solo los adultos fuertes y sanos son capaces de caminar esta distancia. Para los menos fuertes, los ancianos, las embarazadas, los niños y para muchos que de por sí realizan un trabajo físicamente duro para sobrevivir, la iglesia de Nkhate está demasiado lejos.

Así que, ya en 1970, los fieles construyeron la primera capilla en su pueblo. Estaba hecha de barro y cubierta de hierba. Como estos materiales no son muy resistentes, había que renovar la capilla cada dos o tres años. En 1980 construyeron una capilla de ladrillo, pero de nuevo utilizaron los materiales disponibles en la zona y la construcción no era muy sólida: entretanto, los muros tienen grietas y el agua se filtra por ellas en la temporada de lluvias. Con el tiempo, los desperfectos han ido aumentando, y desde hace dos años el edificio está inutilizable. Además, era demasiado pequeño para el creciente número de feligreses.

Ahora las Misas y encuentros de oración tienen lugar en el exterior, bajo un árbol. Sin embargo, en la época de lluvias, que son torrenciales, no es posible reunirse en el exterior, lo cual resulta muy insatisfactorio. Una comunidad de creyentes tan viva necesita un lugar de culto propio, pero los fieles están apesadumbrados, porque no pueden construir una iglesia con sus propios recursos. Por este motivo, el párroco, P. Samson Kayuni, se ha dirigido a nosotros para pedirnos tanto apoyo material como nuestras oraciones. Nos escribe: “Cuando nos levantemos los domingos para ir a Misa y santificar ese día, recordemos en nuestra oración a esos fieles que no pueden hacer lo mismo porque no hay un lugar protegido donde reunirse para rezar”.

El párroco espera que se produzcan grandes cambios una vez se construya la iglesia: “Esperamos que muchas almas se vuelvan a Dios a través de Jesús y que también se produzca un desarrollo social, como la erradicación de la inmoralidad y la pobreza, para tener una comunidad pacífica. En pocas palabras: la salvación de muchas almas es el beneficio final y la meta de la existencia de la Iglesia en el mundo”.

Los fieles contribuirán con su mano de obra a la edificación de la iglesia, y también se encargarán de suministrar la arena necesaria.

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